MC Karapálida

eminem

Son pocos los que entienden la responsabilidad que tiene Marshall Mathers dentro de la propagación del hip hop como fenómeno mundial absoluto. Pero es más fácil de lo que parece. Eminem tiene todos los handicaps posibles: Es blanco, white trash, de carita bonita y de infancia problemática. Más gringo que la hamburguesa, sin el arrastre judío de los geniales Beastie Boys ni el la vaporosidad patética de Vanilla Ice, Eminen reunió todos los elementos necesarios en el país y el momento adecuado para transformarse en dios.

Su secreto fue usar como fuente de inspiración un imaginario al que todos, fueran de ghetto o no, tenían acceso: la TV, el cine, la música pop, las revistas del corazón, los dramas maritales y el complejo de Edipo. Y su arrebatador talento, creador de rimas irónicas propulsadas por ecstasy, marihuana y humor negro. Con Dr. Dre, uno de los pioneros del hip hop más duro como mecenas, la mesa estaba servida.

A Eminem se le debe que el hip hop creciera en proporciones astronómicas. Llegó a Hollywood, ganó un Oscar y su música y su cara se hicieron famosas en todo rincón del globo.

Lo creas o no, Eminem fue en parte embajador cultural del fenómeno hip hop. Le quitó la etiqueta de música de minorías y la convirtió en música para cualquiera que sintiera que tenía algo que decir.

El hip hop es lo que es hoy gracias a Eminem, un tipo tan complicado que un buen día decidió retirarse de la música y hoy regresa con un trabajo igual de poderoso que promete regresarlo a su sitial.

Y que no sea marico nadie.

Categorías: Especiales

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Una respuesta

  1. zoez says:

    pa que sean serios.

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